De todos es sabido lo indicado en el art. 19 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, en cuanto a que la formación debe ser teórica y práctica, adecuada y suficiente. Este concepto de practicidad en la definición de la formación, no se refiere de “forma oficial” a «hacer algo con las manos» o a tener necesariamente que hacer alguna “práctica de campo”.

Una formación puede ser práctica sin salir del aula y por ello de aplicación en determinados puestos de trabajo en los que el nivel de riesgo se califica como trivial o moderado. Por tanto, podría perfectamente cumplir con dicho requisito, si esa «práctica» se materializa en determinadas acciones en las que el trabajador pueda identificar, valorar los riesgos a los que está expuesto, así como la prescripción de las medidas preventivas necesarias para evitarlos.
Sin embargo, la formación de puestos de trabajo que implican la realización de tareas en las que está implícita la «utilización de equipos de trabajo» o se llevan a cabo «tareas de especial peligrosidad», debe ser tratada con una formación eminentemente práctica. No desde el punto de vista del uso y manejo de los equipos, que debe ser valorado y llevado a cabo por un profesional con experiencia en el manejo, sino desde el punto de vista de los riesgos de seguridad, higiene y ergonomía a los que los trabajadores se exponen debido a su utilización/realización de tareas.
La formación en Prevención de Riesgos Laborales pretende capacitar al trabajador para desempeñar su puesto o función sin riesgos cuando sea posible, o con riesgos aceptablemente controlados, siguiendo para ello las instrucciones de la empresa y empleando los medios puestos a su disposición.
Se trata no sólo de que los trabajadores conozcan lo que tienen que hacer y por qué, sino de que aprendan a hacerlo con el menor riesgo posible. De ahí la importancia de la formación práctica o adiestramiento, en la que se aprende a hacer algo, haciéndolo.

Diferencia entre formación e información

A diferencia de la información que, como mucho, produce conocimiento, la formación con base práctica se propone llevar a cabo un cambio duradero en la conducta, de modo que, tras el aprendizaje, el trabajador sea capaz de hacer lo que antes no era capaz y, además, sienta la motivación de hacerlo con seguridad.
En el momento de plantear una formación práctica en las empresas, suelen observarse dificultades adicionales a las que se presentan en las meramente teóricas, las cuales a veces son complicadas de gestionar, relativas al uso de las instalaciones y equipos de trabajo, desplazamientos de los trabajadores y el tiempo mal considerado como «no productivo» que las empresas tienen que invertir.
Cambiar este modo de pensar no es sencillo, sin embargo la formación práctica en materia preventiva, es la mejor inversión que un empresario puede hacer no solamente para minimizar los riesgos de accidentes de sus trabajadores sino para lograr precisamente una mayor productividad y eficacia en los métodos de trabajo.

Modelo Formativo

Se muestra a continuación un breve resumen de la formación en la que sería necesario complementar la formación teórica con una formación eminentemente práctica. Formación que puede ser impartida en naves convenientemente acondicionadas para llevar y reproducir de forma adecuada situaciones encontrables en cada uno de los puestos de trabajo o tareas a realizar en ellos, como en instalaciones móviles que reproduzca o den posibilidad de reproducir dichas situaciones.

Diagrama formaciones

Instalaciones versátiles que proporcionan a los «Técnicos de Prevención Especialistas» la posibilidad de improvisar, de adaptar y de convertir dichas instalaciones en un campo de pruebas donde los trabajadores se lleguen a sentir como si estuvieran en un «parque de atracciones» de la formación en PRL.
El valor de las actividades prácticas que se desarrollan, radica en que son consideradas ejemplos de prácticas reales que pueden trasladarse al terreno profesional. Y siguiendo esta línea y si hubiera que hacer trabajador en andamiouna propuesta de mejora en este ámbito de la formación, sería indudablemente la de profundizar aún más en la dotación a los trabajadores del conocimiento y la capacidad para rediseñar sus propios puestos de trabajo como herramienta para mejorar el entorno y su percepción de la salud

Reciclaje

La formación en Prevención de Riesgos Laborales no tiene una vigencia determinada o una fecha de caducidad (a excepción de la normativa en la que se regula este aspecto) y la frecuencia de reciclaje dependerá de las particularidades de cada empresa. Aun así, con carácter general se recomienda realizar reciclajes cada 4 años en puestos de trabajo con niveles de riesgo bajos y de 2 años en los que tienen riesgos importantes. Es decir, estaríamos en disposición de plantear que aquellos puestos de trabajo donde se realizan tareas de especial peligrosidad, existiera un reciclaje más o menos frecuente, donde los trabajadores pudieran practicar, refrescar y entrenar aquellas situaciones del trabajo diario en las que el nivel de riesgo es elevado.
Es fundamental prever una formación continua apoyada en una buena formación práctica sobre las tareas que se llevan a cabo en el propio puesto de trabajo, llegando a la conclusión de que «solo» una formación práctica inicial, no es suficiente si no va acompañada de acciones de recuerdo, refuerzo y profundización posteriores.
Es por ello que la formación práctica ha de ser específica. Solo así, seremos capaces de involucrar a los trabajadores en el aprovechamiento de los contenidos y realización de las prácticas llevadas a cabo. Por poner un ejemplo, en una práctica de manejo de carretillas elevadoras, es fundamental reproducir las tareas llevadas a cabo por el operario de forma concisa y concreta.

ejemplos ejercicios

Beneficios

La formación práctica en materia preventiva y la formación práctica operativa están íntimamente unidas, es decir, cuanto mejor conozca un trabajador cómo funciona su equipo de trabajo y más hábil sea, mejor y con más seguridad lo manejará.
Este proceso de unión entre ambos fines formativos, se tiene que entender como la transmisión de conocimientos, la dotación de aptitudes y actitudes que capaciten a la persona para no reproducir un comportamiento indeseado y poder integrar aquellos elementos que al trabajador le permitan analizar una situación de riesgo y reaccionar adecuadamente ante determinadas circunstancias peligrosas.
El valor de la formación práctica radica en que son consideradas ejemplos de prácticas reales de trabajo, que pueden trasladarse al terreno profesional.

Retorno de la inversión

Todo esto no es en vano, sino que una correcta formación práctica con la inversión que ésta conlleva, se traduce en una disminución de los accidentes de trabajo de los trabajadores de las empresas, así como un descenso en las enfermedades profesionales de los mismos.
Mientras otros profesionales pueden tener más problemas en calcular el retorno de la inversión en formación, el profesional de la prevención lo tiene más fácil porque hay un buen número de estadísticas que facilitan esta tarea. OSHA proporciona datos valiosos en este sentido, con los que es posible deducir que generalmente por cada euro gastado en formación se ahorran unos veinte euros

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